Sube al autobús
Washington condenó enérgicamente este miércoles las penas de prisión dictadas contra opositores birmanos detenidos el año pasado durante manifestaciones contra la junta militar de gobierno.
"Estados Unidos condena firmemente las severas penas del régimen birmano contra al menos treinta militantes políticos", declaró a la prensa un portavoz del departamento de Estado, Robert Wood.
Decenas de opositores que manifestaron contra el régimen militar en agosto y septiembre de 2007 fueron condenados a fuertes penas durante una audiencia a puerta cerrada en la prisión de Insein, en la periferia norte de Rangún.
"En total, 23 activistas fueron condenados hoy en la prisión de Insein. Fueron sentenciados a 65 años cada uno", informó a la AFP un familiar de uno de los reos que quiso mantener el anonimato.
Los religiosos de la ciudad de Pakokku no gritaron consignas políticas, pero esta localidad fue escenario, como otras poblaciones de todo el país, de las manifestaciones de septiembre, las más numerosas en casi 20 años y que la Junta Militar reprimió con disparos y golpes.
En Pakokku, los monjes iniciaron su marcha desde la pagoda de Shwegu, centro para el aprendizaje del budismo con más de 80 monasterios a unos 630 kilómetros al noroeste de la ciudad más grande del país, Rangún.
Durante casi una hora, los monjes marcharon por la ciudad rezando plegarias sin que se produjera ningún incidente, y después regresaron a sus respectivos monasterios, según informaron dos monjes en una entrevista telefónica.

Una forma de protestar por las violaciones a los Derechos Humanos perpetradas por el gobierno chino contra sus propios ciudadanos – que incluye detenciones ilegales, torturas y pena de muerte – y por su apoyo a los regímenes de Sudán y Birmania.
Un hombre trató de arrancar la antorcha a un niño, que la presentaba a las televisiones, y otro utilizó un matafuego para tratar de apagar la llama que promociona, bajo el lema Enciende la pasión, comparte los sueños, los Juegos Olímpicos que se celebrarán dentro de 122 días.

Mientras que dos mil policías londinenses velan por la seguridad, y la procesión de 31 millas aún continúa, más y más manifestantes se arrojan al suelo envueltos en banderas tibetanas y gritando “libertad”, interrumpiendo así una y otra vez la marcha en la que participan más de 80 atletas y estrellas locales.
En Downing Street
Algunos políticos ingleses han salido ya a criticar que esta mañana el primer ministro Gordon Brown recibiera la antorcha en su residencia oficial de Downing Street.

A lo que un portavoz oficial acaba de responder que “sólo se trata de un apoyo a los Juegos Olímpicos, y no a la situación de los derechos humanos que tanto preocupa a la comunidad internacional”.
A lo largo de los próximos días, la antorcha olímpica continuará con su recorrido de 22 países, el más largo de la historia, todo un símbolo del poderío de China.
Sus próximos destinos serán París, San Francisco, Buenos Aires. Desde donde saltará a África y volverá a Asia. De esta última parte del recorrido, el punto crucial se encontrará en Nueva Delhi, por la proximidad de la comunidad tibetana en el exilio en Dharamsala. ¿Cómo responderá el gobierno Indio?
Efecto en cadena
Si el ejemplo de las miles de personas que hoy, a pesar del frío, viajaron desde toda Gran Bretaña a Londres para mostrar su repulsa a la política del Ejecutivo de Beijing, es seguido en otras partes del mundo – y se espera que así suceda – podemos estar ante un hecho histórico, comparable a las manifestaciones multitudinarias contra la guerra de Irak.

Una reacción de la sociedad civil que sale de su aletargamiento para protestar en solidaridad con todos aquellos, chinos o tibetanos, que están sufriendo en estos momentos abusos, palizas, arrestos injustificados, en las mazmorras del gigante asiático.
Desde esta humilde tribuna, aplaudo la actitud de los manifestantes de Londres. Y espero que su compromiso tenga un efecto mimético y despierte reacciones similares en todo el planeta.
Deportes y derechos humanos
Mi mayor respeto a los deportistas, que con esfuerzo y en el anonimato se preparan durante años para dar muestras de sus capacidades (muchos de ellos deben estar ante un nada envidiable dilema moral).
Pero no debemos olvidar que más importante que correr rápido, lanzar jabalinas o saltar vallas, es mostrar nuestra empatía y nuestra solidaridad con quienes están sufriendo a manos de un régimen totalitario, que ante el comienzo de los próximos Juegos Olímpicos, optaron no por la apertura, el diálogo y la tolerancia, sino por la brutal represión, como informaba el pasado miércoles Amnistía Internacional.
Sabemos que los Juegos Olímpicos son un fantástico negocio, por lo que no esperamos rectificación ni compromiso alguno de sus organizadores, que velan por su parcela de poder y sus puestos de trabajo, como es comprensible. Basta ver en la página oficial de la antorcha olímpica, los logotipos de Coca Cola, Samsung y Lenovo.

Sabemos que nuestros líderes políticos, más preocupados por esos intereses geoestratégicos que tantos nos cuesta entender - como sucede, salvando las diferencias, con Palestina y con el Sáhara- y por defender las inversiones de los empresarios que han desembarcado en ese mercado de 1.300 millones de consumidores, que por los derechos humanos, no estarán a la altura del desafío.
Por estas razones, queda en manos de la sociedad civil, de los ciudadanos del mundo, levantar la voz y mostrar su repulsa a la conducta del gobierno de Beijing, que también ampara y protege a sus pares en Rangún y Jartúm. Quizás sea la única oportunidad que tengamos de hacerlo en mucho tiempo.
RANGUN (Reuters) - Un hombre no identificado que aparentemente sufría problemas económicos en Myanmar, que tiene un gobierno militar, se quemó a lo bonzo en la histórica Pagoda Shwedagon del país, dijeron testigos el domingo.
El hombre de unos 30 años de edad no gritó proclamas contra el Gobierno, pero se quejó de las dificultades que enfrentaba y del creciente costo de la vida antes de quemarse el viernes, el día de la Luna Llena de Tabaung, una importante fecha religiosa para los budistas, dijeron testigos.
"Fue cerca de las 20:40 cuando el se lanzó gasolina encima y se encendió fuego con una vela," dijo a Reuters una mujer que se encontraba entre los cientos de fieles en la pagoda esa noche. "Hubo caos cuando algunos testigos gritaron que había fuego," agregó.
La seguridad suele ser estricta en la pagoda, uno de los templos budistas más sagrados en la capital de la ex Birmania y los guardias y policías rápidamente cerraron las puertas de la pagoda durante cerca de media hora, dijo la mujer.
La pagoda fue un punto central en las anteriores manifestaciones políticas, entre ellas las protestas del año pasado en favor de la democracia.
Un fuerte aumento en los precios de los combustibles provocó las mayores protestas en 20 años en agosto y septiembre, con decenas de miles de monjes y civiles manifestándose en las calles de Rangún y otras ciudades.
Las protestas provocaron una brutal represión contra los manifestantes, que según Naciones Unidas dejó 31 personas muertas.
Una fuente médica del Gobierno dijo a Reuters que el hombre tenía quemaduras en el 70 por ciento de su cuerpo y que estaba siendo tratado en un hospital de Rangún, pero rehusó entregar más detalles.
La opositora Liga Nacional por la Democracia dijo que el hombre no era uno de sus miembros.
(Reporte de Aung Hla Tun; Editado por Ricardo Figueroa)
Según una información del periódico belga 'Le Soir', las imágenes colgadas en YouTube eran las únicas en las que se podían ver los altercados de Lhasa, la capital del Tíbet, ya que las difundidas por las televisiones chinas tan sólo muestran un grupo tibetanos atacando tiendas y quemando un coche de policía.
Las autoridades chinas han prohibido a los turistas y a los periodistas el acceso al Tíbet, después de la violencia desatada tras las manifestaciones convocadas el pasado lunes por el 49 aniversario del exilio del Dalai Lama.
El balance oficial que se ofrece desde Pekín de los altercados de Lhasa es de 10 personas muertas, aunque el Gobierno tibetano en el exilio asegura que ya son 80 los fallecidos por la represión de la policía y el ejército chinos.
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