17/11/10

Rap clandestino para burlar la censura en Birmania

El cantante birmano de rap Thxa Soe durante una actuación en Yangon (Birmania)
El cantante birmano de rap Thxa Soe durante una actuación en Yangon

David Jiménez (Enviado especial) | Rangún - El Mundo

Que nueve de las 12 canciones de su último álbum hayan sido censuradas no parece haber desanimado a Thxa Soe. La estrella del rap clandestino en Birmania cree que los censores son lo suficientemente ineptos para no haberse dado cuenta de que las tres restantes también eran alegatos contra la dictadura. "La música puede traer el cambio a este país", dice el compositor de 30 años, que asegura inspirarse en ídolos del hip hop estadounidense como Snoop Dogg o Eminem.

Cinco décadas de tiranía militar han dejado moribunda a la oposición local, han arruinado una de las tierras más prósperas del sureste asiático y han intimidado a una población que parece haberse resignado a vivir bajo el yugo de los generales. Pero un grupo de jóvenes activistas, algunos adolescentes, cree haber encontrado la forma de continuar la lucha. Sus armas son el punk, el rock y mucho rap.

Grupos como el de Thxa Soe tocan en conciertos clandestinos y distribuyen su música a través de un mercado secundario para eludir a los censores. Se han convertido en héroes para una nueva generación que ve en la música su única oportunidad de expresar su frustración con los militares, pero también con una oposición que no ha sabido o no ha podido darles la prometida libertad.

La nueva forma de disidencia no está exenta de riesgos. El pionero de la música rap subversiva, Zayar Thaw, lleva tres años en la cárcel tras haber sido acusado de formar "una organización criminal". Esto es: un grupo de música. Su estreno en 2000 de la mano de la banda Acid revolucionó la escena artística de Rangún y dio lugar a decenas de imitadores que todavía siguen su ejemplo.

'Peleando por la libertad'

"Se sacrificó para que otros pudiéramos seguir peleando por la libertad", dice Min Yan Naing, otro rapero que formaba parte de la banda original de Zayar Thaw.

La principal dificultad para los cantantes está en distinguir la delgada línea que separa la mera censura de su trabajo de una temporada en la cárcel, un arte que muchos han aprendido de la música satírica tradicional birmana. Las letras deben tener un doble (y opuesto) sentido para público y censores.

La canción de Thxa Soe 'Agua, Electricidad, por favor, volved' no pasó el corte: la crítica al paupérrimo estado de los servicios públicos de Rangún, donde los apagones son constantes, era demasiado evidente.
Otras veces los artistas dan en el clavo y logran mofarse de la dictadura. En el historial de deslices de la censura se encuentra la autorización del álbum del rockero Lay Phyu titulado Power 54: no cayeron en que 54 hacía referencia al número de la avenida de la Universidad donde Aung San Suu Kyi, la histórica disidente local, ha permanecido bajo arresto domiciliario 15 de los últimos 21 años.

Pocos en Birmania creen que la liberación de la Premio Nobel el pasado sábado vaya a suponer un cambio en la represión por parte de los militares. La larga duración de la dictadura ha creado una elite castrense que necesita mantenerse en el poder para continuar disfrutando de sus privilegios.

En un país donde no es difícil encontrarse a ingenieros conduciendo taxis, y el tercio de la población que tiene entre 15 y 24 años ve el futuro con pesimismo, el rap se ha convertido al menos en una vía de escape para denunciar la corrupción y la división social creada por la Junta militar.

Para algunos cantantes eso supone llevar una doble vida artística en la que acceden a entonar canciones de la propaganda en festivales organizados por el régimen y retoman las letras sediciosas en los conciertos clandestinos, que se anuncian de boca en boca en universidades e institutos.

Kyaw Soe, un joven de 19 años con el pelo teñido de rubio y la lengua atravesada por un pendiente, asegura que sólo acude a los segundos. Para él se han convertido en una alternativa a la oposición tradicional representada por la Liga Nacional para la Democracia (LND) y su icono Aung San Suu Kyi. "Cantantes como Thxa Soe hablan como nosotros", dice. "Por eso voy a sus conciertos".