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24/9/09

Detenido activista estadounidense de origen birmano por incitar a la rebelión



Bangkok, 24 sep (EFE)- Un ciudadano estadounidense de origen birmano fue detenido a su llegada a Birmania (Myanmar) acusado de querer instigar a la rebelión en el país e intento de sabotaje, informó hoy la prensa estatal.

Kyaw Zaw Lwin, también conocido como Nyi Nyi Aung, fue arrestado el pasado 3 de septiembre en el aeropuerto internacional de Rangún, donde aterrizó su vuelo procedente de Bangkok, según el diario oficial "New Light of Myanmar", que la Junta Militar emplea para difundir sus mensajes.

Las autoridades sospechan que se proponía incitar a monjes budistas a tomar parte en actividades antigubernamentales.

"Este ciudadano extranjero desleal a su patria y a su pueblo planeaba instigar a la rebelión y cometer ataques terroristas", señaló el periódico.

Kyaw Zaw Lwin participó en 1988 en las protestas de estudiantes contra los generales, que se saldaron con más de 3.000 muertos por los disparos de soldados.

El activista huyó a Tailandia y en 2005 se convirtió en ciudadano de Estados Unidos.

Dos años después, su madre y su hermana fueron encarceladas por unirse a las marchas a favor de la democracia encabezadas por los religiosos, que también fueron sofocadas sin piedad por los soldados birmanos.

En los últimos cuatro años, Kyaw Zaw Lwin ha visitado Birmania bajo una identidad falsa en hasta ocho ocasiones para reunirse con grupos antigubernamentales, a los que financia y ofrece apoyo logístico.

Tres de sus cómplices fueron detenidos hace unas semanas en posesión de explosivo C-4 y un teléfono satélite, cuyo uso está terminantemente prohibido en el país.

El arresto del ciudadano de EEUU fue conocido apenas horas después de que Washington anunciara que modificará su política habitual de sanciones contra Birmania para perseguir una vía de mayor diálogo con la Junta Militar, en el poder desde 1962. EFE grc/csm/cd

Terra/EFE

22/9/09

HRW denuncia la represión de la Junta Militar birmana contra monjes budistas


EFE/ADN - Human Rights Watch (HRW) denunció hoy la represión que continúa ejerciendo la Junta Militar de Birmania (Myanmar) contra los monjes budistas, que padecen intimidación y cárcel desde que lideraron las manifestaciones a favor de la democracia sofocadas por los soldados en septiembre de 2007.

En el segundo aniversario de las protestas, el colectivo recoge decenas de testimonios de bonzos acosados por los militares en el informe "La resistencia de los monjes: budismo y protesta en Birmania", redactado por el escritor y periodista Bertil Lintner, un autor muy reconocido por su experiencia en la región.

Según HRW, unos 240 religiosos siguen detenidos en condiciones muy precarias, mientras que miles han tenido que abandonar sus templos o viven continuamente hostigados por las fuerzas de seguridad, desde que hace dos años decidieran marchar por las calles de Rangún para exigir reformas democráticas.

"Las historias relatadas por los monjes son inquietantes y tristes, pero describen perfectamente cómo el Gobierno militar de Birmania se agarra al poder a través de la violencia, el miedo y la represión", señaló en un comunicado el director de HRW en Asia, Brad Adams.

Ellos "mantienen una gran autoridad ante el pueblo, lo que los convierte en un elemento peligroso para un Gobierno que carece de ella", afirmó Adams, quien recordó la labor humanitaria de los religiosos tras la devastación del ciclón Nargis en 2008, por la que también fueron perseguidos por la Junta.

Según HRW, 21 personas murieron, incluido un fotógrafo japonés, durante las manifestaciones de 2007 en las que los soldados dispararon y golpearon indiscriminadamente a los monjes y civiles que marchaban pacíficamente.

El régimen birmano liberó recientemente a un grupo de reclusos, pero en el país todavía hay más de 2.000 prisioneros políticos, incluida la líder opositora y Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi.

"Abogamos por la no violencia, pero nuestra voluntad es de hierro, no vamos a dar marcha atrás; si nos matan, otros se calzarán nuestras sandalias y continuarán con el movimiento", asegura en el informe el monje U Gambira, de 30 años, quien se encuentra ahora detenido cerca de la frontera con India.

U Igara insiste en que, a pesar de la represión, las protestas de 2007 sirvieron para educar y politizar a los monjes, quienes ya no aceptan los regalos y las ofrendas por parte de los militares.

"Ningún país puede aislarse como antes. Miren a Indonesia, ese régimen cayó y ahora es una democracia. Queremos que el Consejo de Seguridad de la ONU debata sobre la situación en Birmania. Pero China y Rusia utilizarán su derecho a veto. Por favor, cuenta al mundo lo que está ocurriendo en mi país", apostilló Igara.

14/11/08

Nueve monjes budistas figuran entre los nuevos condenados en Birmania

Nueve monjes budistas que participaron en las grandes manifestaciónes contra la junta militar en 2007, en Birmania, fueron condenados a penas que van de seis años y medio a ocho años de prisión, anunció este viernes un portavoz de la oposición.

Además, 14 miembros del partido de la Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, fueron condenados a pensa que van de cuatro a 10 años de prisión, declaró a la AFP Nyan Win, portavoz de la Liga Nacional por la Democracia (LND).

Se trata de las últimas condenas hasta el momento de una larga serie anunciada desde comienzos de la semana en Birmania.

EcoDiario

11/10/08

El drama de Birmania, tras la «revolución azafrán» A la sombra del olvido


Hace apenas un año que la comunidad internacional centró toda su atención en Birmania (Burma, Myanmar). El motivo: la «revolución azafrán» protagonizada por cientos de miles de monjes budistas que exigían un cambio de rumbo en el futuro de una nación ahogada en la sinrazón de un régimen militar ilegítimo, que ha convertido a este país del sureste asiático en un infierno en vida. Hoy, apenas doce meses después de aquellos acontecimientos, que durante unos días llevaron a millones de personas a pensar en el final de este régimen genocida y en vivir en libertad, la revuelta se ha quedado en un simple recuerdo, muy distinto del día a día de su vida real, bajo el yugo de la violación sistemática de los derechos humanos, el miedo y el olvido de la comunidad internacional.

ABC.es

26/9/08

HRW afirma que represión continúa en Birmania en el aniversario de protestas


EFE - UnionRadio

La ONG Human Rights Watch (HRW) denunció hoy que el régimen militar de Birmania (Myanmar) continúa reprimiendo a su pueblo cuando se cumple un año de las protestas a favor de la democracia aplastadas por el Ejército.

"La comunidad internacional debería pedir responsabilidades al Gobierno birmano por la brutal represión contra los monjes, activistas y civiles que se manifestaron en septiembre de 2007", señaló el colectivo de derechos humanos en un comunicado.

La subdirectora de HRW en Asia, Elaine Pearson, subrayó que los gobernantes birmanos respondieron con "violencia y desprecio" a las ansias democráticas de los ciudadanos y agregó que "aunque algunos activistas políticos han sido liberados, otros están siendo detenidos y miles permanecen en las cárceles".

El pasado 23 de septiembre, el Consejo para el Desarrollo y la Paz del Estado (SPDC, en sus siglas en inglés), como se conoce al Gobierno birmano, liberó a 9.002 prisioneros, entre los que se encontraban varios activistas políticos, incluido el veterano periodista U Win Tin, de 78 años y detenido desde 1989.

Sin embargo, HRW recuerda que solamente en agosto y septiembre de 2008 la Junta Militar ha arrestado a unos 39 activistas pro democráticos y sentenciado a 21 con penas de cárcel.

La SPDC mantiene en la cárcel a 2.100 prisioneros políticos, incluidos 800 arrestados durante las manifestaciones del año pasado.

Según testigos, una persona murió y otras tres resultaron heridas en una explosión ocurrida ayer frente al Ayuntamiento de Rangún, la antigua capital de Birmania, un día antes del aniversario de las protestas antigubernamentales.

El 26 de septiembre del 2007, miles de personas se echaron a la calle para exigir reformas democráticas a la Junta Militar, en el mayor levantamiento popular desde 1988.

El régimen reconoce unos 15 muertos en la represión de las protestas del 2007, pero la ONU eleva el saldo mortal a más de 30 y la oposición calcula unos 200 fallecidos y cerca de 6.000 detenidos, entre ellos varios cientos de monjes budistas.

Birmania está gobernada por los militares desde 1962 y no celebra elecciones democráticas desde 1990, cuando el partido oficial perdió estrepitosamente ante la líder opositora Aung San Suu Kyi y su partido, la Liga Nacional para la Democracia, unos comicios cuyos resultados jamás fueron reconocidos por los generales.

Suu Kyi, galardonada con el Nobel de la Paz en 1991, ha pasado bajo arresto domiciliario casi 13 de los últimos 19 años.

25/9/08

Un centenar de monjes desafía a la Junta Militar birmana y vuelve a la calle

Update Sep/25/08 :Esta nota es un error que debemos corregir,gracias al llamado de atención de los editores de la pagina amiga Birmania libre,pues los sucesos que se narran fueron el 31/10/2007,les pido excusas por este lamentable error.


Foto archivo

Protagonizaron una marcha pacífica en el norte del país, la primera protesta desde que las autoridades reprimieran por la fuerza las masivas manifestaciones

Más de 100 monjes budistas se han manifestado en el norte de Birmania durante cerca de una hora, en la primera protesta desde que las autoridades reprimieran por la fuerza hace un mes las masivas marchas protagonizadas por monjes, activistas políticos y civiles.

Los religiosos de la ciudad de Pakokku no gritaron consignas políticas, pero esta localidad fue escenario, como otras poblaciones de todo el país, de las manifestaciones de septiembre, las más numerosas en casi 20 años y que la Junta Militar reprimió con disparos y golpes.

En Pakokku, los monjes iniciaron su marcha desde la pagoda de Shwegu, centro para el aprendizaje del budismo con más de 80 monasterios a unos 630 kilómetros al noroeste de la ciudad más grande del país, Rangún.

Durante casi una hora, los monjes marcharon por la ciudad rezando plegarias sin que se produjera ningún incidente, y después regresaron a sus respectivos monasterios, según informaron dos monjes en una entrevista telefónica.

ADN

1/9/08

Ejército de Birmania recluta monjes novicios

Describen el esfuerzo inusual por parte de la junta militar de hasta ofrecer recompensas por nuevos reclutamientos, los monjes ven una intención deliberada por destruir a la orden budista

Por Tin Aung Khine – Radio Free Asia - La Gran Epoca


Protesta de monjes budistas el 26 de septiembre de 2007 en Rangoon, Birmania. (AFP)

Tropas del poderoso ejército militar de Birmania hacen un inusual intento por reclutar monjes novicios budistas y menores de edad en las fuerzas armadas del país, que según fuentes locales incitaron una furiosa protesta de los jóvenes en un monasterio al sudeste de Birmania.

El 22 de agosto, un cabo primero del batallón de comunicaciones 534 visitó el monasterio Yadana Bone en el municipio de Mawlamyine Kyun llevándose a dos novicios identificados como Shin Aindaka de 13 años, y Aindaray Sara de 15, informó una fuente interna del monasterio que quiso mantener anonimato.

“Esta es la primera vez que sucede esto—la primera vez—y estamos muy sorprendidos”, dijo la fuente. “El abad siente que esto es algo que no debió haber sucedido, esto equivale a un esfuerzo por destruir deliberadamente a la orden budista. Así es cómo nosotros lo vemos, no podemos quedarnos sentados y no hacer nada”.

“El abad dijo que, pase lo que pase los novicios están bajo su tutela y él tiene que servir como un padre y es responsable de su bienestar…Esto fue un asunto que necesitó ser informado y discutido entre muchas partes—nosotros no podríamos quedarnos sentados y no hacer nada. Así que el abad tuvo que empezar a hacer un llamamiento de personas”, afirmó la fuente.

Cuándo los monjes encontraron que faltaban dos novicios alrededor de las cinco de la tarde, otros jóvenes monjes informaron haber visto hombres que vienen regularmente a hablar con los principiantes, y que distribuyen folletos y los instan a ir a otro monasterio llamado Kan Na.

El monasterio entonces envió al padre de un chico y a un novicio mayor a seguirlos. Un soldado que había sido dejado atrás dijo que ellos “solamente hacían su trabajo”.

“Cuando nuestro abad oyó esto se enojó y envió esta vez a cuatro monjes”, dijo la fuente. Un coronel del batallón quién se identificó como Htay Aung llamó luego y se disculpó, y los dos principiantes fueron acompañados de regreso al monasterio con vestimenta laica el 24 de agosto.

Cuándo los cuatro monjes volvieron, dijeron que se enteraron que los soldados reciben 20.000 kyats (3.100 dólares) y una bolsa de arroz, y que con cinco nuevos reclutamientos pueden tener un permiso para dejar el ejército.

Los Monasterios juegan un papel crítico con una gran mayoría budista en Birmania. El ejército del país y los monjes se enfrentaron abiertamente en septiembre y octubre del 2007, cuando hasta 100.000 personas salieron a dar apoyo a la democracia y a oponerse al incremento de la inflación.

Los grupos de derechos humanos dicen que mas de 200 personas fueron asesinadas por el posterior enfrentamiento con el régimen, mientras que cientos de monjes y civiles se creen continúan en la cárcel. El ejército recluta con frecuencia a niños en el servicio militar, pero nunca a monjes novicios budistas.

20/6/08

La Junta militar distribuye alimentos en mal estado entre los damnificados por el ciclón

JORDI CORACHÁN

LA DENUNCIA Un monje
muestra en la mano arroz bueno, que contrasta con el arroz podrido que distribuye la Junta (en la bolsa). Foto: JORDI CORACHÁN


El Periódico - Toda la credibilidad que han perdido los militares la han ganado los monjes budistas. Los religiosos de Birmania han estado en primera línea para ayudar a los damnificados del ciclón y no se han mordido la lengua a la hora de denunciar la incompetencia y la corrupción de los militares. "Es intolerable que el Gobierno reparta arroz podrido a los afectados", denuncia a este diario un maestro monje del monasterio de Kyaung Thit Temple, en el delta del Irauadi.
El religioso está muy enojado. Abre una bolsa con el arroz que reparten los militares y otra con el que distribuyen ellos y los voluntarios civiles de Rangún. La diferencia es abismal. El arroz del Gobierno está enmohecido y huele mal. "Es arroz de una calidad ínfima, que puede sentar mal. Una vez limpio y secado de nuevo podría servir. En estas condiciones mata el hambre, pero destroza la salud", agrega el monje, mientras cuenta el dinero de los donantes para comprar 50 sacos más, a 22 euros cada uno.
Los religiosos utilizan su organización y su red de monasterios para traer los cargamentos desde Mae Sot, en Tailandia. Así llevan haciéndolo desde el pasado 3 de junio, después de que el Nargis causara 77.738 muertos y 55.917 desaparecidos.
En Birmania hay 500.000 monjes entre una población de 54 millones.þPese a ello, el maestro monje de Kyaung Thit sostiene que no daban abasto para atender a los 2,4 millones de damnificados, de los que un millón sigue sin recibir ayuda. "Suerte de los voluntarios civiles, porque el Gobierno había dimitido de sus responsabilidades".
De momento, no ha habido protestas, porque quien alza la voz va a la cárcel. Solo los monjes se atreven a disparar sus dardos contra la dictadura militar, a sabiendas de que gozan de gran predicamento entre la población. Tiraron de la población en septiembre, con la revuelta del azafrán por el alza de precios y la gasolina, y ahora han dado la cara tras el ciclón. Consciente de su creciente popularidad, la Junta ha redoblado sus esfuerzos en el delta: regala tractores ligeros para plantar arroz, inaugura escuelas, reparte comida, facilita créditos blandos para reconstruir viviendas. Los militares y sus acólitos civiles se han hecho omnipresentes en el delta. "Estamos hasta las narices, pero a ver quién es el guapo que da el primer paso. La revolución es para los jóvenes, los padres de familia tenemos miedo", sostiene un campesino de Tawantay, donde el índice de analfabetismo es del 75%.

Helicópteros en tierra
Es verdad que han entrado casi un millar de extranjeros para distribuir medicinas y alimentos, pero solo ha llegado a Birmania el 40% de la ayuda prometida. Y, en el aeropuerto de Rangún, cinco de los 10 helicópteros de la ONU siguen en tierra. No obstante, las grandes donaciones en escuelas u orfanatos se hacen a bombo y platillo, siempre en presencia de los generales birmanos.
Por la mañana, los militares reparten limosna; por la tarde, juegan al golf con el empresariado birmano; y por la noche, hacen negocios con los japoneses. En el restaurante Elefante Verde, de Rangún, un grupo de alegres funcionarios y militares cierra el trato con los ejecutivos de una constructora de Tokio. Hablan de reparar un puente. þA juzgar por las risas, el negocio va viento en popa. Los generales ríen y el pueblo llora.

19/3/08

Esas Bir y otras "manías" de olvidar

Ariel Segal

Analitica - Miércoles, 19 de marzo de 2008

A propo de la “revolución de monjes budistas” que actualmente se rebelan contra la tiranía china en Tibet, y hace unos meses, contra su régimen aliado de la Unión de Myanmar, vale la pena reflexionar sobre poblaciones sometidas al totalitarismo en diversas partes del mundo, que no son de constante interés para la mayoría de los políticos, periodistas y analistas.

Myanmar, nombre que le dieron los generales a Birmania, poco después de enquistarse en el poder en 1962, ya casi no se menciona en los recintos diplomáticos ni en la mayoría de los medios. Bastó con que la dictadura recibiera con alfombra roja a un negociador de la ONU entretenerlo con conversaciones “fructíferas”, permitirle visitar a unos pocos prisioneros políticos, incluyendo a la líder de oposición Aung San Suu Kyi, - en prisión domiciliaria desde 1989 y presidente electa en comicios realizados en 1990 que fueron anulados por la Junta Militar – y liberar a unos pocos disidentes, y su gobierno logró narcotizar de nuevo a un mundo ávido de ignorar lo que difícilmente puede resolver.

Los más de 50 millones de habitantes de Birmania que se encuentra bajo la bota militar apoyada por India, China e Indonesia, hace que a pesar de las restricciones económicas impuestas por Europa y Estados Unidos contra su régimen, apenas hagan cosquillas a un gobierno cuyo intercambio comercial se da, en un 90%, con sus vecinos asiáticos, especialmente con China, cuyo veto impide que la ONU decrete otras sanciones o medidas de fuerza para dar un resquicio de libertad a ese país.

El caso de Birmania revela la continua impotencia de la ONU y la “manía” mundial de diferir y olvidar la tragedia de millones de personas que sobreviven a crónicos conflictos como los de Chechenia, Sri Lanka, Zimbabwe, Sudán, etc., que solo se convierten en noticia – como ahora el Tibet - cuando mueren más personas de las “cifras promedio” que comúnmente manejan las agencias de noticias.

17/3/08

Soldados y antidisturbios aumentan la presencia en pagodas de Rangún

La Junta Militar de Birmania (Myanmar) ha desplazado hoy soldados y agentes antidisturbios a varias pagodas de Rangún, una presencia que no se veía desde las manifestaciones pacíficas antigubernamentales del pasado septiembre que encabezaron monjes budistas.


'Los soldados han acordonado la pagoda de Kaba Aye. No sabemos la razón, pero han cerrado las entradas y no dejan pasar a nadie. Hay varios militares y cuatro camiones en la puerta de entrada', indicó hoy un testigo a la emisora de radio de la disidencia Mizzima.

Las autoridades no han emitido ningún comunicado sobre el movimiento de tropas en Kaba Aye (paz mundial) ni en otros centros religiosos de la antigua capital birmana.

La última vez que la Junta Militar cercó las pagodas de Rangún fue en septiembre porque los bonzos se habían puesto al frente de las manifestaciones antigubernamentales pacíficas.

Las marchas en Rangún y otras ciudades del país fueron disueltas por la fuerza y 31 personas murieron, según datos de la ONU, entre ellas un periodista gráfico japonés, y casi 3.000 más fueron detenidas, incluidos un millar de monjes.

La Junta Militar anunció en febrero la convocatoria de un referéndum en mayo para aprobar la Constitución que han redactado y después la celebración de elecciones parlamentarias en 2010.

El enviado especial de la ONU para Birmania, Ibrahim Gambari, concluyó la semana pasada una visita al país sin conseguir el compromiso de las autoridades birmanas a celebrar comicios libres y justos según los estándares de la comunidad internacional.

Birmania está sometida a una dictadura militar desde 1962 y no celebra elecciones legislativas desde 1990, cuando Aung San Suu Kyi, Nobel de la Paz, y su formación, la Liga Nacional para la Democracia, ganaron con más del 82 por ciento de los votos.

Los generales derrotados en las urnas nunca reconocieron el resultado democrático y han elaborado una Constitución que impide a Suu Kyi postular su candidatura en los comicios de 2010.



Terra Actualidad - EFE

ENFOQUE-Monjes de Myanmar, aún furiosos pero sin líderes

Por Ed Cropley

MANDALAY, Myanmar (Reuters) - Por debajo del barniz de serenidad y devoción religiosa, los monjes budistas con túnicas marrones de Myanmar, el motor de las protestas de hace seis meses contra la junta gobernante, están hirviendo de ira.

Algunos hablan de manera impulsiva sobre revolución. Otros incluso dicen estar listos para dejar su vida en un nuevo enfrentamiento entre los monjes, la autoridad moral de la antigua Birmania, y el crudo poder de los militares.

Pero los activistas a favor de la democracia, e incluso algunos monjes, admiten que la ofensiva sangrienta del régimen durante las marchas de septiembre quebró la red clandestina que, aunque brevemente, convirtió a los 500.000 religiosos budistas del país en una poderosa fuerza política.

Incluso la cercanía del auspicioso 8 de agosto de 2008 -el vigésimo aniversario del brutalmente reprimido levantamiento contra la junta del 8 de agosto de 1988- parece improbable que precipite otro desafío para los 46 años de ininterrumpido dominio militar.

"No se están haciendo planes porque la mayoría de los monjes activos están en prisión o han huido," dijo a Reuters un importante miembro del movimiento clandestino prodemocrático en un refugio en Rangún, la antigua capital.

Entre las 80 personas que la junta dice que todavía mantiene detenidas por las protestas hay 21 monjes, incluyendo U Gambira, de 27 años y un líder de la Alianza de Todos los Monjes Birmanos que jugó un rol desencadenante en las marchas.

El grupo de derechos humanos Amnesty International dijo en enero que 700 personas arrestadas en el operativo permanecían tras las rejas.

POLVORINES

A pesar de los arrestos, los monasterios de esta nación del sudeste asiático, algunos de los cuales son hogar de hasta 3.000 hombres jóvenes, siguen siendo polvorines políticos que podrían volver a hacer ignición ante la menor provocación.

Al menos 31 personas murieron cuando la junta envió sus tropas para reprimir las marchas en septiembre, pero esta lista de bajas de Naciones Unidas no incluye ningún monje, a pesar de los informes de que varios fueron muertos a golpes cuando los soldados irrumpieron en monasterios de Rangún y otros lugares.

Sitios de internet disidentes también publicaron imágenes de cadáveres mutilados de lo que parecían ser monjes, dando lugar a la más profunda indignación entre el clero y la gente laica por igual.

Ningún monje entrevistado por Reuters en los centros religiosos de Rangún, Mandalay y la cercana Sagaing dijo haber levantado la prohibición de recibir limosnas de parte de los miembros de la junta militar o de sus familias.

Conocido como "patam nikkuijana kamma" o "dando vuelta el cuenco de las limosnas" en Pali, el antiguo idioma del clero budista Theravada, el rito de 2.500 años de antigüedad es similar a la noción cristiana de la excomunión y es tomado muy seriamente.

Puede ser revocado en cualquier momento si a quienes se considera malhechores se disculpan y se enmiendan, algo que los generales han rechazado hacer.

"Si no se disculpan, daremos comienzo a nuestro movimiento," dijo a Reuters un joven monje de la ciudad costera de Sittwe, alegando liderar una red de 1.000 monjes y estudiantes deseosos de ponerle fin al deterioro del nivel de vida y la inflación galopante.

"La gente se está enfadando más y más. Su sufrimiento está empeorando días tras día y no pueden tolerarlo más. Si hay un nuevo levantamiento, los soldados dispararán y matarán y habrá otro baño de sangre. Pero estoy preparado para ir a prisión o morir," comentó en una ubicación secreta de Rangún.

A otros no les queda estómago para luchar.

"Espero que no pase de nuevo. El país está en paz ahora," dijo un monje de Mandalay.

REPOBLACION DE MONASTERIOS

Si bien muchos monasterios fueron cerrados en plena represión y miles de monjes desaparecieron, ya sea en prisión o de regreso a sus ciudades y pueblos natales, a la mayoría se les ha permitido volver a abrir.

Sin embargo, tres establecimientos disidentes en Rangún permanecen cerrados y en Mandalay, el corazón religioso de Myanmar, los monjes de grandes monasterios dijeron que los números eran de 20 a 30 por ciento menores que antes de la ofensiva.

La junta además llamó a veintenas de altos abades para decirles que mantengan vigilados a sus órdenes jóvenes.

"Nuestro abad nos dijo que no protestáramos de nuevo. Dijo que nos dispararán y que moriremos. ãQué podemos hacer? No tenemos armas," comentó un joven de 23 años en un gran monasterio de Mandalay. "Pero si encontramos la posibilidad, lo volveremos a hacer. Este gobierno no sirve," agregó.

En la ciudad de Pakokku, donde el trato con mano dura de los monjes por parte de los soldados y matones pro militares a comienzos de septiembre provocó la revuelta monástica nacional, el régimen parece estar tomando medidas para asegurarse de que no se repita.

En los monasterios hay agentes encubiertos y un líder pandillero local conocido como "El Sr. 2 por 1," por el grueso bastón de madera de 5 centímetros con que golpeó a monjes y manifestantes, está tras las rejas para evitar protestas, dijo un residente.

(Editado en español por Patricia Avila)

14/3/08

En Birmania nadie sabe dónde están los cuerpos de doscientos monjes

Tras dos semanas de violenta represión a los manifestantes opositores pacifistas al régimen militar, éste dice que hubo nueve muertos. Pero la cifra real sería otra. Los monjes budistas quieren ganar la lucha sin armas.


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Según nuevos informes, miles de monjes están encerrados en prisiones improvisadas.
Por Peter Popham *

En el río Moei en Tailandia no hay una avalancha de refugiados cruzando la frontera de Birmania. Sin embargo, los medios del mundo los están esperando. Desde Rangún llegan informes inquietantes de monjes que huyen de la ciudad y de miles que están encerrados en prisiones improvisadas, con poco para comer y beber. Nueve murieron durante los disturbios, dice la junta militar que se llama a sí misma el Consejo del Estado de Paz y Desarrollo –un nombre orweliano apropiado para una banda de carniceros que gobierna el país donde George Orwell una vez fue policía–. La cifra real daría cuenta de unos 200, pero todavía nadie sabe dónde están los cuerpos.

El baño de sangre de Rangún la semana pasada no fue una sorpresa para los veteranos observadores del país. Lo que se esperaba era lo que ocurrió después de la más sangrienta represión en 1988: una avalancha de refugiados políticos hacia la frontera. Sin embargo no sucedió. Hace una semana tres monjes escaparon atravesando el río Moei que divide los dos países y desaparecieron en casas seguras. El martes, un mayor del ejército birmano, harto de obedecer órdenes despreciables, siguió sus pasos. Huir desde Rangún hasta Tailandia, una distancia de 300 kilómetros, es peligroso pero no especialmente difícil. Un ex líder estudiante que huyó de Birmania hace dos años me explicó que hay un tráfico regular de contrabandistas de gemas entre Rangún y Tailandia, que pasan sobornando a la policía a lo largo de la ruta. El le pagó a un contrabandista para que lo llevara junto con las gemas. Sucede todo el tiempo.

Pero no está sucediendo ahora, y no porque sea más peligroso que normalmente, sino por otra razón, una que sugiere que este levantamiento particular no ha terminado. Y que el estado de ánimo de desesperación de algunos comentaristas occidentales puede ser prematuro. Me reuní con el Dr. Naing Aung, un importante activista birmano en el exilio, en un pequeño café en esta ciudad que es un emparche de grupos étnicos birmanos, así como tailandeses musulmanes, indios y chinos. Aung fue uno de los miles que escapó de Rangún y de muchos años en la cárcel después de la represión de 1988. Pero hoy, me dijo, el ánimo en Rangún es totalmente diferente.

“La gran diferencia entre 1988 y ahora es que cuando salimos de Birmania hacia la frontera nos estábamos preparando para la lucha armada para derrocar el régimen. Salimos y comenzamos a entrenarnos para luchar al lado de los ejércitos étnicos que estaban peleando. Pero ahora los manifestantes en Birmania están a favor de la lucha no armada. Quieren vencer ganándose el corazón de la gente.

Los analistas sostienen que la no violencia contra regímenes como el de Birmania, que tiene las manos manchadas de sangre, es inútil. Sin embargo esta nueva generación de rebeldes puede demostrar que están equivocados. El mundo despertó al levantamiento birmano cuando los monjes comenzaron sus marchas hace dos semanas. Aung explica que ésta fue la culminación de una larga serie de pequeñas manifestaciones que comenzaron cuando los activistas de su generación, encarcelados después de 1988, comenzaron a salir de las cárceles en la década del ’90. “Comenzaron con movimientos en pequeña escala contra los que el régimen no podía hacer nada: el “domingo blanco” con mucha gente vestida de blanco los domingos; las “expresiones blancas”, miles de personas escribiendo sobre sus sufrimientos bajo el régimen, imprimiéndolas y distribuyéndolas en secreto. Los activistas en libertad hicieron mucho educando a la gente común sobre sus derechos humanos”.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

13/3/08

Señales de derrumbe del régimen militar birmano llegan a Bangkok

Expectativas entre los grupos prodemocráticos en el exilio, que confían en la visita del enviado de la ONU. Los medios disidentes hablan de divisiones internas en la Junta Militar.

Pagina12
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Soldados con equipos antimotines despejan a manifestantes de las calles de Rangún.
Imagen: AFP
Por Ramiro Trost

Luego de cuatro días de violenta represión a las manifestaciones pacíficas que se suceden en Birmania reclamando democracia, la capital tailandesa, como otras ciudades del mundo, fue ámbito de protestas frente a la embajada birmana. Budistas y miembros de otras religiones rindieron homenaje a las víctimas, en un país que por su cercanía y la gran presencia de exiliados, vive de manera directa la rebelión desatada en la nación vecina.

Sein Phay Tin, miembro de la Liga de Todos los Estudiantes de Birmania, presente en el acto, le dijo a Página/12 que “es necesario que los gobiernos del mundo sigan presionando para que la Junta Militar llame nuevamente a elecciones y respete los derechos civiles y humanos del pueblo birmano”. Los grupos de disidentes en Tailandia le asignan una gran importancia a la llegada a Rangún del enviado especial de la ONU, el nigeriano Ibrahim Gambari, que porta un mensaje de diálogo y moderación para el régimen militar. Según esas organizaciones, el número de muertos por las represalias treparía a 200.

En Bangkok circulan versiones de todo tipo. La radio Mizzina, que emite desde esta ciudad y es producida por disidentes birmanos, informó que continuaron durante el sábado las protestas contra la Junta Militar y que se observaron signos de posibles rupturas dentro del ejército ante la crisis. Se anunció también que algunos soldados se negaron a disparar contra los manifestantes en Mandalay, dejaron sus armas en el suelo y se arrodillaron ante los monjes como señal de veneración.

Otra versión de la emisora opositora La Voz Democrática de Birmania, que transmite desde Oslo, Noruega, y que reprodujo radio Mizzina, señaló que el comandante de Rangún, el general Hla Htey Win, se encuentra bajo arresto después de que soldados bajo su mando se negaron a abrir fuego contra los manifestantes.

Copias del periódico oficial del régimen militar, La Nueva Luz de Myanmar, que circulan por la capital tailandesa y que este cronista pudo leer, generan indignación entre los disidentes birmanos. Los títulos principales dan cuenta de los policías heridos con cascotes lanzados por los manifestantes, la denuncia de que monjes y activistas amenazan a familias para que se sumen a las marchas y el pedido para que la gente denuncie a los instigadores.

Familiares de los generales de la Junta Militar birmana dejaron ese país y llegaron el viernes a Bangkok, aunque los medios de prensa de los opositores en el exilio no pudieron confirmar si el destino final es Singapur o Macao. Las radios hablan de huida ante la proximidad del derrumbe del régimen, en un intento por levantar el ánimo de las organizaciones de disidentes y etnias birmanas.

Lo confirmado por funcionarios tailandeses es que varios aviones están listos para evacuar a extranjeros si la situación empeora aún más en Birmania. Por su lado, la BBC informó desde Bangkok, basándose en informes recibidos de ciudadanos birmanos, que las autoridades de ese país instalaron una prisión provisional en un antiguo hipódromo para recluir a las cientos de personas detenidas en los últimos días.

La red sigue siendo un campo de batalla clave en medio de las protestas que estallaron a mediados de agosto contra la dictadura birmana. La conexión a Internet había sido restablecida durante el sábado pero sufrió cortes intermitentes en el trascurso del día. Por ese motivo, nuevos videos de las marchas y la represión salieron con cuentagotas desde Birmania. Además, The Irrawaddy News Magazine, realizada por periodistas birmanos en el exilio y establecido en la norteña ciudad tailandesa de Chiang Mai, denunció que su sitio web fue infectado por un virus que le impidió trabajar desde el jueves, en otra acusación por los ataques cibernéticos que, según los disidentes, realiza el régimen militar.

Set Aung Naing, una de las tantas refugiadas birmanas que llegó a Tailandia cruzando azarosamente la frontera, nos dijo que esta vez, a diferencia de la matanza de 1988, el mundo está siendo testigo de la brutalidad del régimen militar. Emocionada, afirmó “el pueblo es valiente y desafiante pese a que los militares controlan ahora las calles y no dejan salir a los monjes de sus monasterios. Ellos solos no podrán con un gobierno que nunca se preocupó por su imagen en el exterior”. Ella tiene miedo de que, al igual que sucede con tantas noticias, pronto Birmania desaparezca de la tapa de los diarios y su pueblo siga sometido. Y se despidió pidiéndonos que no nos olvidemos.

6/3/08

Los monjes protestan de nuevo contra la Junta Militar birmana y piden el rechazo al referéndum

Los religiosos colgaron carteles en los que criticaron al líder del régimen, el general Than Shwe, y exigieron la liberación de todos los presos políticos

Bangkok. (EFE).- Grupos de monjes budistas en Mandalay, la segunda mayor ciudad de Birmania, elevaron el tono de sus protestas contra la Junta Militar y pidieron a los ciudadanos que rechacen el borrador de la nueva Constitución en el próximo referéndum.

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Los religiosos colgaron carteles en los que criticaron al líder del régimen, general Than Shwe, y exigieron la liberación de todos los presos políticos y de la líder opositora y Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, informó hoy la publicación disidente "The Irrawaddy".

Una de las pancartas advertía que "si respaldas la Constitución, la próxima generación también estará perdida", y en otra, los monjes calificaron a Than Shwe de "asesino" que quiere "colonizar al pueblo bajo el régimen militar".

La Carta Magna ha sido ya rechazada por la Alianza de Todos los Monjes Birmanos, el movimiento estudiantil, las minorías étnicas, y el principal partido opositor, la Liga Nacional por la Democracia (LND), encabezado por Suu Kyi.

Otros carteles llamaron a boicotear los próximos exámenes organizados por el Gobierno para ingresar en los seminarios budistas, para los cuales se han registrado este año un 20 por ciento menos de aspirantes.

Los soldados birmanos sofocaron a tiros las manifestaciones a favor de la democracia lideradas por los religiosos el pasado mes de septiembre, ignorando el clamor de la comunidad internacional.

El régimen admite 15 muertos en la represión de las protestas, las más multitudinarias desde 1988, pero Naciones Unidas eleva a 31 los fallecidos, mientras la disidencia calcula unas 200 víctimas mortales y cerca de 6.000 detenidos.

Para mañana está prevista la llegada a Birmania del enviado especial de la ONU, Ibrahim Gambari, quien tiene intención con altos funcionarios de la Junta Militar la llamada "hoja de ruta" hacia la democracia, que prevé la celebración de elecciones libres en 2010. A estos comicios no podrá presentarse Suu Kyi por haber estado casada en el pasado con un extranjero, según estipula el borrador constitucional.

Birmania está gobernada por los militares desde 1962 y no celebra elecciones desde 1990, cuando el partido oficial fue aplastado por la LND en unos comicios cuyos resultados jamás fueron reconocidos por los generales.

6/2/08

BIRMANIA: ¿Cuántos monjes deberán morir?


Entrevista de Marwaan Macan-Markar

MAE SOT, Tailandia, feb (IPS) - Las protestas prodemocráticas continuarán este año en Birmania, luego de que la brutal represión contra manifestantes pacíficos paralizara a la población. Así lo cree el monje budista Ashin Kovida, uno de los líderes del movimiento.

La fuerza usada por la junta expuso al mundo su verdadera naturaleza. "La comunidad internacional pudo saber realmente cuán represivo es el régimen militar birmano", enfatizó Ashin. "Es una de las virtudes de nuestra lucha."

"Hubo muchos asesinados --monjes, estudiantes, simples ciudadanos-- cuando los soldados atacaron brutalmente a los manifestantes", prosiguió. "También demostró por qué el régimen es responsable del sufrimiento de los budistas birmanos. La historia es espantosa."

"Querría preguntarle al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuántos monjes y ciudadanos deberán ser sacrificados antes de intervenir", agregó Kovida, quien a los 24 años ostenta el título de "venerable".

El se encontraba en Rangún, antigua capital y principal ciudad de Birmania, cuando la junta militar ordenó a los soldados disparar contra manifestantes desarmados.

También presidió el comité de monjes que organizó una marcha en la que participaron más de 100.000 personas en las calles de Rangún en septiembre, mes en que se registró un efímero renacimiento de las protestas en procura de alivio económico y libertad política.

Muchos de los participantes en las manifestaciones eran monjes que marchaban de túnica marrón. Según la ONU, 31 personas resultaron muertas y cientos sufrieron arresto en la represión de las protestas.

Organizaciones de derechos humanos y opositoras elevan esas cifras a más de 100 muertos y más de 1.000 detenidos.

Tres religiosos budistas murieron, uno de ellos a golpes y otro en sesión de tortura, informó a fines de enero la Alianza de Monjes de Birmania. Según la organización, se desconoce el destino de 44 monjes y monjas detenidos en incursiones militares a 53 monasterios de todo el país.

La represión tuvo efecto. "La gente continuó sufriendo como antes de septiembre", dijo Kovida a IPS a través de un intérprete. "La lucha contra el régimen militar continuará este año. La población tiene un gran deseo de que así sea."

Pero difícilmente Kovida participe en esas protestas. Poco después de las manifestaciones de septiembre, y tras una huida de tres semanas, se radicó en Mae Sot, en la frontera de Tailandia con Birmania, para evitar el arresto.

En primera instancia, se refugió en una vivienda a unos 65 kilómetros de Rangún, para esquivar a las patrullas que lo rastreaban con su fotografía en la mano. Debió dejarse crecer el cabello en la cabeza pintada de dorado, vestir como un adolescente a la moda y calzarse una pulsera.

Kovida creció en la pobreza, en un villorrio de 20 viviendas en el occidente de Birmania. Llegó a Rangún en 2003 para iniciar sus estudios en un monasterio, único modo en que un joven de su condición social podría acceder a una educación.

"En mi tiempo libre comencé a estudiar inglés, y, gracias a algunos amigos, vi grabaciones de lo que sucedió en agosto de 1988", recordó. En ese año ocurrió la última gran represión: las tropas dispararon contra manifestantes y mataron a unas 3.000 personas.

"Me di cuenta de que la culpa era del gobierno militar. Me enfurecí y sentí que debía hacer algo", recordó..

La decisión de la dictadura de elevar en agosto el precio del petróleo 500 por ciento sin aviso previo aumentó el enojo de Kovida.

"Comenzamos a ver más gente sufriendo, niños que no podían asistir a la escuela, mendigando por comida en las calles. Los monjes no podían ignorarlo, pues es el pueblo el que siempre les da a ellos su alimento por las mañanas", explicó.

Así comenzó el proceso de transformación de Kovida de discreto disidente a líder de protestas en Rangún. A comienzos de septiembre, soldados chocaron con 300 monjes en el central poblado de Pakokku. Apartaron a 10 de los monjes y los golpearon con varas de bambú.

"Los monjes les pusimos como plazo al régimen para disculparse por lo que hizo en Pakkoku el 17 de septiembre. No lo hicieron. Comenzamos a organizar una protesta en Rangún, pero nos dimos cuenta de que no teníamos líderes. Debimos instalar un nuevo comité", explicó.

Así nació el Comité Representativo de Monjes Budistas. Kovida dio un paso al frente cuando sus pares en Rangún preguntaron quién se ofrecía como líder para encabezarlo.

"Nuestro plan fue que los monjes comenzaran a marchar y condujeran a la muchedumbre", recordó. "Acordamos actuar sistemática y pacíficamente."

29/1/08

La revuelta de los monjes

 Un aspirante a monje, rezando. Todo birmano debe vivir como un monje al menos seis meses de su vida. Foto:  JULIÁN ORTEGA
Un aspirante a monje, rezando. Todo birmano debe vivir como un monje al menos seis meses de su vida. Foto: JULIÁN ORTEGA
SONIA GARCÍA
Casa Àsia.
Avenida de la Diagonal, 373.
A las 19.30 horas.
Entrada libre.


Myanmar (antigua Birmania) saltó hace poco a los titulares de los medios de comunicación con motivo de la violenta represión del gobierno militar contra los monjes budistas que protestaban por el encarecimiento de la vida en el país. Han pasado muchos meses, pero las detenciones arbitrarias y la represión continúa y, al parecer, la prioridad de las autoridades es silenciar a los ciudadanos rebeldes.
Rafael Bueno, director de seminarios, conferencias y estudios de la Casa Àsia, señala que aunque la penuria que provocó el conflicto sigue latente, "Birmania ha perdido su eco mediático, ha dejado de ser noticia". Con la finalidad de que no se olvide lo que ocurrió, y sigue pasando en ese país, la institución organiza hoy la conferencia Birmania después de las protestas, con Tin Htar Swe, jefa de información del Servicio Birmano de la BBC. La periodista relatará cuál es la situación, los motivos de las protestas y las causas del fracaso de la revuelta azafrán (conocida así por el color de los trajes de los monjes budistas que recorrían las calles).
Las manifestaciones que comenzaron el 15 de agosto del 2007 y que fueron secundadas por estudiantes y por gran número de ciudadanos descontentos, se saldó con centenares de detenciones, la expulsión del país de varios reporteros internacionales y una cifra de muertos que no se ha podido concretar. La dictadura militar ha logrado disminuir las protestas, pero sigue el talante dictatorial del régimen. Amnistía Internacional ha denunciado que el aumento de las detenciones, hay más de 80 personas desaparecidas y una constante violación a los derechos humanos.
Tin Htar Swe trabaja en la BBC desde 1988. Nacida en Birmania se exilió a Estados Unidos y trabajó con fondos norteamericanos para fundar y dirigir Radio Free Asia Burmese Language Service. Volvió a la BBC Internacional en el 2001 y desde el 2003 es la responsable del servicio especial de Birmania: conoce bien el conflicto del que hoy hablará.

22/1/08

La Junta Militar arresta a dos miembros de la oposición que pedían democracia

La Junta Militar de Birmania (Myanmar) arrestó a dos miembros de las juventudes de la Liga Nacional para la Democracia (LND), el principal partido de la oposición que dirige la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, por pedir democracia y el excarcelamiento de todos los presos políticos, informó hoy una radio disidente.


Los detenidos fueron identificados como Soe Min Oo y Kalar Shae, residentes de Taungkok, en el estado de Arakan (oeste), ciudad donde el jueves pasado los cuerpos de seguridad frustraron un intento de manifestación antigubernamental pacífica.

Ambos jóvenes comenzaron su marcha en la pagoda Phaungdaw Oo de Taungkok y a los 15 minutos acudieron agentes de la policía y se los llevaron detenidos, según Radio Mizzima, que no dice cuándo ocurrió la protesta.

Birmania tiene más de un millar de presos políticos, de acuerdo con organizaciones internacionales como Amnistía Internacional, entre los que destaca Suu Kyi, que vive bajo arresto domiciliario desde 2003.

La líder del movimiento democrático birmano ha pasado ocho de los últimos diecisiete años confinada en su casa de Rangún, donde tiene cortado el teléfono y controladas las visitas.

Este año, Suu Kyi solicitó al Gobierno permiso para instalar una antena parabólica, en un momento en el que las autoridades han puesto 'por la nubes' el impuesto anual para evitar que la población siga los telediarios extranjeros que denuncian la dictadura birmana.

La nueva tasa ha pasado de 6.000 kyat en 2007 a un millón de kyat (780 dólares) en 2008, cantidad que supone tres veces el ingreso medio anual de un birmano.

El Consejo de Seguridad de la ONU lamentó la semana pasada 'el lento ritmo' del proceso hacia la reforma que se instó a emprender a la Junta Militar, tras su sangrienta represión en septiembre de las protestas pacíficas en favor de la democracia.

Un tribunal de justicia birmano condenó este mes a penas de entre ocho y tres años de prisión a seis monjes budistas, tres militantes de la LND, un universitario y tres civiles que participaron en las manifestaciones.

Birmania está gobernada por una dictadura militar desde 1962.



Terra Actualidad - EFE

11/1/08

El budismo como liberación

Por Moe Yu May
IPS/Diario DigitalRD.Com

RANGÚN, ene (IPS) - En lugar de manifestarse en las calles, como en agosto y septiembre, los opositores a la dictadura de Birmania asisten ahora a multitudinarias "asambleas de dhamma", reuniones de carácter religioso para reflexionar sobre las enseñanzas de Buda.


Cientos y hasta miles de personas se atienden en estas asambleas a sermones sobre ética pronunciados por algunos de los monjes más prominentes del país.

Es que cada vez con más frecuencia, los monjes aprovechan la oportunidad para dar consejos políticos y criticar indirectamente a la junta gobernante.

"Dhamma" significa "enseñanzas de Buda". Por lo tanto, es común que los sermones aludan a lecciones de la vida del fundador de esta religión, mayoritaria en Birmania, para reforzar el mensaje político.

Las asambleas de dhamma, que se realizan por las noches y suelen durar dos horas, congregan a multitudes. Una, celebrada el 29 de diciembre en el municipio de Tarmawe, atrajo a cerca de 3.000 personas. Otra, en la Universidad de Rangún, convocó a una cantidad similar de seguidores.

Una charla religiosa realizada a mediados de diciembre en una campo de fútbol de una escuela secundaria estatal del municipio de Insein terminó convirtiéndose en una de las reuniones más grandes, con cerca de 20.000 concurrentes.

Algunos sermones también son divulgados a través de una incipiente industria de discos compactos que copia y distribuye algunos de los sermones más provocativos. La última colección que se ofrece en Rangún incluye el contenido de 19 asambleas de dhamma.

"He estado ocupado copiando y enviando estos discos compactos a otros pueblos, aunque me cuesta dinero", dijo a IPS un monje de Rangún que solicitó reserva de su identidad.

En Birmania también circulan discos de vídeo compacto en los que comediantes conocidos por sus actuaciones en los festivales habituales en noviembre tomaron a la junta militar como blanco de burlas.

La junta lanzó una predecible contraofensiva para impedir estas manifestaciones de humor. Retiró el permiso para un espectáculo público que un grupo de comediantes realizaría el 3 de este mes en el parque Kan Taw Gyi, para el cual ya se habían impreso las entradas y emitido publicidad.

Este tipo de actos de censura es común en un país cuyo régimen militar cobró notoriedad por sofocar la libertad de expresión, encarcelar a disidentes y someter a arresto domiciliario durante 12 años a la líder del movimiento democrático y premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi.

La comunidad internacional también condenó a la junta militar por someter a minorías étnicas a trabajo forzado, por usar la violación de mujeres como método represivo e interferir con programas humanitarios.

A mediados de agosto pasado, se realizaron en todo el país pequeñas protestas luego de que la junta aumentó 500 por ciento el precio del combustible, inesperadamente. Para muchos birmanos, esa medida significó pasar hambre todos los días.

Para fines de septiembre, decenas de miles de ciudadanos comunes salían a las calles de Rangún para participar en inéditas protestas. Las manifestaciones fueron lideradas por los respetados monjes de esta nación budista.

Pero entonces llegó la brutal ofensiva de la junta. Soldados armados y policías antidisturbios atacaron a civiles desarmados, entre ellos a los propios monjes.

Un investigador de la Organización de las Naciones Unidas señaló que murieron al menos 31 personas. Organizaciones disidentes situaron la cifra de muertos en unos 200. Además, 650 monjes y civiles fueron arrestados en cárceles donde la tortura y el abuso es rampante.

Desde entonces, con las asambleas de dhamma, surgieron señales de que tan breve atisbo de libertad no se extinguió.

Pero esas reuniones religiosas y los discos compactos en circulación pueden servir como indicadores de una creciente indignación opositora que la junta militar no podrá eliminar apelando a la represión..

Algunos activistas dicen que este enojo podría estallar este año, en una repetición de lo ocurrido en septiembre o bajo una forma diferente.

Un monje radicado en Rangún señaló que un camión militar se encuentra estacionado cerca de su monasterio desde Año Nuevo y que aumentó la presencia de soldados desempeñándose en el área.

El 4 de este mes, cuando se cumplían 60 años de la independencia, la calle principal de la ex capital, Rangún, estuvo cerrada durante dos horas.

En otras partes de esta ciudad de ruinosos edificios de la era colonial británica, oficiales de seguridad vestidos de civil y funcionarios municipales se hicieron visibles en las calles para controlar cualquier posible protesta contra la junta militar.

Cerca de la calle Sule Pagoda, donde manifestantes por la democracia marcharon en septiembre, hicieron guardia miembros de la temida policía antidisturbios.

El escenario indignó a un conferencista universitario birmano de 40 años. "No siento ninguna libertad, especialmente en estos días. Me pregunto si nuestro país realmente se independizó. Yo realmente quiero sentir libertad", expresó.

10/1/08

Junta Militar de Birmania condena a 13 detenidos por encabezar marchas a favor democracia

EFE - La Junta Militar de Birmania condenó a penas de entre ocho y tres años de prisión a 13 activistas que tomaron parte en las manifestaciones a favor de la democracia del pasado septiembre, informó hoy la radio Mizzima.


Entre los condenados hay seis monjes budistas, tres militantes del partido opositor Liga Nacional por la Democracia (LND), un estudiante universitario y tres civiles, según la misma fuente.

Un tribunal nombrado por el régimen les halló culpables de alterar el orden público, atemorizar a la población, incitar a la rebelión y destruir propiedad pública, entre otros delitos.

Algunos ya cumplen sus penas en la cárcel, mientras otros, entre éstos la mayoría de los religiosos, continúan siendo interrogados en centros de detención del Ejército y la Policía e incluso un asilo para enfermos mentales de Rangún, la mayor ciudad del país, aseguró un portavoz de la LND citado por Mizzima.

La Junta Militar admite 15 muertos y unos 3.000 detenidos durante la represión de las protestas encabezadas por los monjes, pero la ONU sostiene que hubo al menos 31 fallecidos y la disidencia calcula que al menos 200 personas perdieron la vida y más de 6.000 fueron arrestadas.

Birmania (Myanmar) está gobernada por los militares desde 1962 y no celebra elecciones desde 1990, cuando el partido oficial perdió estrepitosamente ante la LND liderada por la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, unos comicios cuyos resultados jamás fueron reconocidos por los generales.

27/12/07

Sombrías perspectivas a corto plazo para Birmania tras la revuelta de 2007

Monjes budistas rezando en Rangún en septiembre pasado.

BANGKOK (AFP) — La 'revuelta azafrán' de 2007 en Birmania, donde monjes budistas apoyados por la población desafiaron a la dictadura y lo pagaron con su vida, es un punto de quiebra, pero la violenta reacción y el endurecimiento del regimen no incitan al optimismo, según los diplomáticos.

Nadie había previsto la sublevación consecutiva a dos errores de los militares en el poder: un brusco aumento de precios, el 15 de agosto, que exacerbó el sufrimiento de la población, y el apaleamiento, tres semanas más tarde, en Pakokku (centro) de varios bonzos por esbirros de la junta.

Los generales se vieron enfrentados a una contestación sin precedentes desde 1988 y a manifestaciones diarias que culminaron el 24 y 25 de septiembre con la participación de decenas de miles de monjes con sus túnicas color azafrán y de un número impresionante de ciudadanos corrientes.

La represión fue brutal. En Rangún las fuerzas de seguridad dispararon con balas reales dejando 10 muertos, entre ellos un periodista japonés, según un balance oficial, desmentido por otras fuentes. Un investigador de las Naciones Unidas señala 31 muertos y 74 desaparecidos.

Según Amnistía Internacional (AI), unos 700 "sospechosos", entre los miles de detenidos durante y después de los desfiles pacíficos, siguen en los calabozos de la junta, sin contar los 1.150 presos políticos que ya estaban en la cárcel desde antes de los acontecimientos.

Algunos monasterios han cerrado sus puertas y "muchos monjes que estudiaban en Rangún han vuelto a sus provincias sin participar en los exámenes por miedo a ser apresados" en base a las fotos y vídeos tomados durante las manifestaciones, explicó un dirigente religioso a AFP.

Difundiendo el miedo, los generales han logrado imponer la idea de que cualquier individuo estaba potencialmente en la ilegalidad, lo que hace difícil cualquier nueva sublevación, indicó un responsable de la ONU.

Cólera, desesperación y resignación son los sentimientos que dominan hoy en la población, traumatizada por la amplitud de la represión impuesta por un régimen que fue desestabilizado, agregó.

Al atacar a los bonzos surgidos de la población, la junta militar, en el poder desde hace 45 años, atacó uno de los pilares de su legitimidad, la religión budista, que es ampliamente mayoritaria en Birmania.

Debilitado en el frente internacional, el régimen castrense birmano se ha visto obligado a hacer algunos gestos simbólicos.

Ha autorizado por ejemplo que un enviado especial de la ONU, Ibrahim Gambari, visite en dos ocasiones el país, y ha nombrado un oficial de enlace para establecer relaciones con la dirigente de la oposición y Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, 62 años, bajo detención domiciliaria.

Invocando su soberanía, sin embargo, hizo anular una declaración de Gambari en la cumbre anual regional de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y expulsó al jefe del equipo de la ONU en Rangún, Charles Petrie, que había denunciado la pobreza en Birmania.

El 3 de diciembre, el régimen indicó que de ningún modo se iba asociar a Aung San Suu Kyi al proceso de redacción de una nueva Constitución.

De paso, una semana más tarde en Bangkok, el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, advirtió que la comunidad internacional "perdía la paciencia".

Si la cuestión birmana volviera al Consejo de Seguridad de la ONU, China podría utilizar su derecho de veto y bloquear cualquier acción internacional, como ya lo ha hecho en el pasado.

El endurecimiento de las sanciones occidentales, en particular de parte de Estados Unidos y de la Unión Europea (UE), ha contribuido con seguridad a la actual rigidez del régimen, estima un diplomático, que agrega que "a corto plazo no hay razones para ser optimistas".

Es más, algunos analistas opinan que sólo queda esperar "el relevo generacional", apostando por la partida de los viejos generales birmanos, con la esperanza de que sus sucesores opten por la democracia.